Cuesta creer que algo tan obvio como que
el VIH provoca el sida, cuente con una corriente de opositores. Pero así es. Es más, un grupo cada vez más numeroso de personas niega la propia existencia del bichito que pueden ver la imagen, el virus más estudiado de todos los tiempos y con el que vivimos
desde hace más de 25 años.
De las consecuencias de estas afirmaciones hemos oído hablar hace poco. Thabo Mbeki, presidente de Sudáfrica es uno de sus portavoces más importantes, llegando incluso a recomendar remedios vegetales para tratar la infección, al igual que
su ministra de Sanidad, por otro lado. Hasta la OMS ha puesto el grito en el cielo (en forma de llamamiento). Cuando se niega la efectividad de los fármacos “tradicionales” en una enfermedad mortal,
lo que es de verdad mortal, son las “alternativas”.
Sobre el negacionismo del sida trata precisamente un interesante
estudio publicado en abierto en PLoS Medicine, La negación del sida en la era de internet por la también blogger Tara Smith y el neurólogo Steve Novella.
Un análisis de una corriente que tiene mucho en común con otras teorías pseudocientíficas más sonadas como el creacionismo, los temores infundados a las vacunas o las dudas sobre la llegada del hombre a la Luna. Por ejemplo, la supuesta conspiración que según todos estos grupos esconden cada uno de estos hechos científicos. En este caso sería la propia industria farmacéutica la que se estaría enriqueciendo con la venta de antirretrovirales gracias a la “mentira del sida”.
Algo que también caracteriza a todas estas teorías son sus campañas para ganar adeptos, y en esto la llegada de internet a nuestra vida cotidiana, les ha sido de mucha ayuda. Seguramente hayan leído alguna vez alguno de estos panfletos negacionistas, pero ¿a que nunca lo han hecho en una revista científica? No, pero no porque no tengan cabida, que tampoco; sino porque la mayoría de los mortales no tenemos este tipo de publicaciones en la mesilla de noche. Sin embargo, buena parte de las dudas que plantean los negacionistas del sida ya están resultas y respondidas; hace mucho tiempo. El problema es que el público al que se dirigen no puede responderles, porque no tiene el bagage científico suficiente para hacerlo. Y de eso se aprovechan.
Para los autores del análisis, el mejor frente de lucha contra la desinformación es en consecuencia, la divulgación. Una comunicación científica accesible y comprensible por el gran público, evitaría la expansión de muchas de estas teorías absurdas. Unas más conocidas, como los que no “creen” en la evolución, y otras que pasan más desapercibidas, como ésta, y que sin embargo, al parecer, cuenta con más seguidores de los que pensamos.
Por supuesto, una buena información por parte de las instituciones de salud también es imprescindible, como el excelente ejemplo de la Secretaría de Salud de México, que en febrero de este año en México denunció a una asociación disidente de su país. Un programa nacional emprendido por esta asociación habría provocado que 20 personas renunciaran a su tratamiento, poniendo en peligro sus vidas y la salud pública.
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